Javier, quizá por el cansancio que sentía de estar más de dos días despierto, no lograba saber a ciencias ciertas si su compañero de estudios tenía alguna especie de fetiche raro a la hora de realizar el sexo, porque en plena fiesta se había conseguido a una muchacha con demasiados kilos de más y la estaba seduciendo para llevarla a la cama, que dicho sea de paso sería la de
su departamento. Pero se lo permitió y no le dijo nada, ya que la suerte le había acompañado como siempre y esta vez la amiga de la muchacha excedida de peso, era una morena delgada con buenas delanteras.
Javier sentía que Dios le había dado una caricia.
Mientras su amigo y su fetiche se metían en una habitación de aquél departamento, él se quedó con aquella morena en el sofá donde también estaba su cama.
Se dijeron un par de palabras amables y precalentaron el ambiente, cuando entonces Javier optó por la opción de hacerse el cariñoso y recostarse sobre las piernas de la muchacha.
Sin darse cuenta... se quedó dormido.
- ¡Oye! - le gritó la morena, despertándolo.
Con las pocas fuerzas que pudo la abrazó y comenzó a besarla, haciendo que sus manos cobraran fuerza con cada centímetro de su cuerpo que recorría. Pero entonces, la puerta de la habitación donde se encontraban los otros dos se abrió.
- ¡Vámonos! - gritó la muchacha gorda. - ¡Vámonos de aquí!
Javier y la morena se incorporaron asombrados. El compañero de estudio salió apresurado y semi desnudo de la habitación siguiéndola, pero fue en vano. La morena puso un gesto de pena a Javier y se fue detrás de su amiga, siendo que aquella fuera la noche de mayor frustración sexual para Javier.
Nunca le preguntó a su compañero qué le había pedido a aquella mujer que hiciera en el sexo o cómo es que la consiguió ofender tanto, pero se prometió averiguarlo para cuando regresara nuevamente a aquella ciudad donde estudiaba.
Por el momento, estaba pisando su ciudad natal en compañía de su amigo Iván.
Ambos regresaban finalmente por todas las vacaciones de verano.

Javier sentía que Dios le había dado una caricia.
Mientras su amigo y su fetiche se metían en una habitación de aquél departamento, él se quedó con aquella morena en el sofá donde también estaba su cama.
Se dijeron un par de palabras amables y precalentaron el ambiente, cuando entonces Javier optó por la opción de hacerse el cariñoso y recostarse sobre las piernas de la muchacha.
Sin darse cuenta... se quedó dormido.
- ¡Oye! - le gritó la morena, despertándolo.
Con las pocas fuerzas que pudo la abrazó y comenzó a besarla, haciendo que sus manos cobraran fuerza con cada centímetro de su cuerpo que recorría. Pero entonces, la puerta de la habitación donde se encontraban los otros dos se abrió.
- ¡Vámonos! - gritó la muchacha gorda. - ¡Vámonos de aquí!
Javier y la morena se incorporaron asombrados. El compañero de estudio salió apresurado y semi desnudo de la habitación siguiéndola, pero fue en vano. La morena puso un gesto de pena a Javier y se fue detrás de su amiga, siendo que aquella fuera la noche de mayor frustración sexual para Javier.
Nunca le preguntó a su compañero qué le había pedido a aquella mujer que hiciera en el sexo o cómo es que la consiguió ofender tanto, pero se prometió averiguarlo para cuando regresara nuevamente a aquella ciudad donde estudiaba.
Por el momento, estaba pisando su ciudad natal en compañía de su amigo Iván.
Ambos regresaban finalmente por todas las vacaciones de verano.
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