Hasta el Día de Hoy

miércoles, 31 de diciembre de 2008

170. La Noche en que Todo Cambió

A la noche del siguiente, el cumpleaños de Lucas era objeto de análisis con respecto a qué haríamos para festejarlo. Era viernes, e independientemente sobre si había conseguido un local para alquilar o no, nosotros teníamos que estar presentes para celebrarlo con él.

"Ven a mi casa y allí veremos dónde vamos", me indicó por medio de un mensaje, así que esa noche, mientras intentaba sacarle a Fabricio información sobre a qué se debió la nueva pelea que estaban teniendo Rafael y él, me cambiaba para asistir.

Esperaba llegar a la casa de Lucas y encontrarme con un mundo de personas que me impidieran el paso. Rostros desconocidos por todos lados, pero, para mi sorpresa no había nadie en las veredas ni música en el interior del lugar. Ni rastros de vida.

Por un segundo pensé en asesinar a Lucas si todo el mundo se había ido a otro lado y no fue capaz de avisarme, pero para mi sorpresa el muchacho salió a atenderme.

Aquella era la primera vez que entraba en su habitación y, sin embargo, me pareció un sitio en el que ya había estado un millón de veces. Tal vez de todas las veces que me la imaginé e, inexplicablemente, era curiosamente similar a las de mis fantasías.

- Él es mi medio hermano - me indicó, exteniendo su mano hacia un muchacho de unos 16 años, carilindo y de cabellos largos hasta los hombros. - Se llama Agustín.

Agustín tenía una gorra que acentuaba su juventud y remarcaba la vejez de los que lo rodeaban. Su tono de hablar era simple y simpático, como si no tuviera problemas con el mundo y quisiera caerle bien a toda costa.

- ¿Qué haremos? - preguntó Pablo, cuando llegó, siendo mi segundo rostro conocido en la noche. - ¿Para dónde vamos?

- Salgamos a tomar algo por ahí - propuso el chico del cumpleaños.

Esas palabras fueron el inicio de una serie de eventos desafortunados y de uno de los fines de semanas más tristes que se han vivido en el año. Las desgracias estaban a la vuelta de la esquina.

Esa misma noche, habría tres accidentes que involucraría tanto física como emocionalmente a muchas personas que me rodeaban.

Uno de ellos sería por un pequeño descuido y se produciría entre dos amigos míos.

El segundo sería entre el hermano menor de un amigo mío, quien rompería su auto al estrellarse contra un colectivo.

Y el tercer accidente traería una fatalidad.

Nadie pudo verlo venir, pero la vida iba a cambiar demasiado.

169. Juego por Campera

Esa noche, Fabricio y Rafael fueron a devolverme el juego y a cambiarlo por la campera que tenía de Felipe. Todo sucedió en menos de cinco minutos, en menos de lo que tarda un cigarrillo en consumirse y fue suficiente como para darme cuenta que Rafael no estaba para nada feliz con mi nueva alianza con su novio. Y también fue suficiente para darme cuenta que dicho novio no lo estaba poniendo al tanto de la situación como yo esperaba.

Cuando volví a casa después de dejar a Ana y debatir sobre la rara reunión en el Café donde nos encontramos con el resto del elenco femenino de nuestra vida, decidí mandarle un mensaje a Fabricio.

YO: ¿Hoy vienes?

Al rato, respondió.

FABRICIO: Pasaré por tu casa en unos minutos. No respondas porque Rafael lo leerá.

Genial. ¿Y esto? ¿Por qué Rafael no podía leer un mensaje mío? ¿Por qué estaba siendo tan imbécil de ocultarle información?

Unos diez minutos después, Rafael y Fabricio se encontraban en la vereda de mi casa.

No hubo mucha conversación, pues se notaba que la mirada de Rafael no era precisamente una que auspiciara que quería entablar una amistad allí. Fabricio propuso un día encontrarnos a tomar algo y luego se marcharon.

Esa noche, por MSN, Fabricio me contó lo que sucedió.

FABRICIO: Es que Rafael no sabe la confianza que tú y yo nos tenemos. No se la supe explicar a tiempo con todo el tema de contarle que sabía que su hermano hablaba mal de mí y entonces dejé pasar el momento. Por eso se sorprendió que ahora tengamos que llevarte el juego.

YO: ¿Y cómo fue eso de buscar el juego?

FABRICIO: Yo quería hacerlo sin que Felipe se enterara, pero cuando fuimos a la casa, resulta ser que no encontramos el juego, por lo que tuvimos que esperar a que regresara. Cuando se lo pedimos, me lo dio y lo único que me dijo fue "dile que me devuelva la campera".

Quedaba solamente esperar a saber cuál sería la reacción de Felipe al hablarme ahora que sabe que Fabricio y yo tenemos un vínculo. No sabía si se iba a enojar o si iba a tratarme bien, pero al menos había logrado mi objetivo: molestarlo.

Estaba convencido que aquella actitud le habría hecho hervir la sangre.

Lo único lamentable fue que tuve que devolver esa campera que tanto yo quería.

168. La Mesa de la Hipocrecía

Tanto Martha como Susana miraron emocionadas cuando mi cordial saludo con Guillermina se llevó a cabo. Era una de esas situaciones incómodas en donde todos fingíamos naturalidad, exceptuando a la prima menor de Ana quien estaba suplicándole que le compraran un helado y que se apresuraran para regresar a casa.

- Con Lucas queríamos alquilar un salón - me comentó Jessica, visiblemente desesperada por lo burlezca que sonaba su oración. - El problema es que el encargado de eso fue él.

- Sí, no sé por qué diablos confiaron en él - repuso Martha. - Sabemos que es un inútil.

- Lo sabemos, pero nada quita que tenemos que sacarles las oportunidades de demostrar que puede cambiar - comenté, como si estuviera orgulloso de Lucas o algo así. - No sé a quién quiero engañar con esto que estoy diciendo.

Las muchachas rieron. Me arrepentí al instante de decir algo malo contra Lucas, pero por otro lado no podíamos negar que era totalmente cierto.

- Yo no creo que pueda ir - repuso Ana. - El sábado por la tarde es mi Confirmación Cristiana, y a la noche hacemos una cena con todos los chicos.

- Casualmente lo mismo que en mi cumpleaños - recordé.

- Sí, ¿no es curioso? - preguntó Ana. - Siento que no estuve en ninguno de los cumpleaños de ustedes.

- Tal vez porque no estuviste en ninguno - le ayudó a entender Guillermina.

- Estuve en el de Susana, en el de Martha y en el de Andrés - recordó Ana.

- ¿Podemos volver a hablar de este? - preguntó Jessica. - Porque la poca operatividad que Lucas está brindándonos realmente me está sacando de quicio.

- Cielos, Jessica, ¿qué esperabas? - pregunté. - Tú sabes que Lucas está esperando que su jefa le resuelva el problema, y Dios quiera que eso pase así, porque sino es incapaz de pensar en un Plan B. Es su oportunidad perfecta para deprimirse y quejarse de la vida, ¿piensas que Lucas va a dejar pasar una oportunidad así por más que fuera su cumpleaños?

Ninguna de las cinco muchacha discutió mi teoría.

- Pero es que resulta ilógico que él trabaje en una Empresa de Eventos y no sea capaz de conseguir un salón - dijo Martha. - O por lo menos de tener algún indicio de cuál nos puede convenir. No nos aportó nada e hizo una lista de 50 invitados, de los cuales todos quedarán en la calle ¡porque no hay lugar!

- Por cierto, ¿tú no trabajas el sábado? - le pregunté a Jessica.

- Claro que sí - me contestó. - Pero faltaré.

- ¿Avisarás al menos?

- Todavía no lo he decidido - dijo y se rió. - Pero es mi fiesta y después lidiaré con las consecuencias. Yo no soy como Lucas que se quedará esperando que la vida lo venga a buscar.

167. Doble Cumpleaños

Jessica y Lucas cumplían años con un día de diferencia, siendo el primero el de la muchacha. Toda la semana estuvieron arreglando alquilar un salón y luego poder hacer una fiesta juntos, como así habíamos hecho en su momento Guillermina y yo, en una de aquellas veladas más inolvidables del año.

Lucas estaba esperando que su jefa sea quien le diera el dinero para poder llevar a cabo el evento, mientras que yo esperaba que no fuera el dinero que me debe por la computadora el que tendría que ocupar.

- Espero que no sea el dinero que te debe el que piensa usar en el salón - me señaló Ana.

Y no era la única persona que lo esperaba así.

Esa tarde, con Ana, estábamos caminando por las calles acompañando a una pequeña prima de la muchacha que tenía que presentar un último trabajo escolar al día siguiente. Las vacaciones estaban a días y las notas más importantes surgían el último día lo que representaba que la criatura en cuestión se encuentre realmente insoportable, tanto que daba golpes contra Ana cada vez que algo amenazaba que no la iba a ayudar.

- Tú no me engañas - le dije a Ana, al oído. - El año que viene te mudas solamente para escaparte de esta niña.

- Créeme que no es una teoría muy errada - me confesó.

Estábamos doblando después de comprar unas tiras de papel para adornar un plato, que era la manualidad que Ana tendría que hacer, cuando entonces las veo. Cuatro mujeres que se escapaban por completo de las sensuales protagonistas de Sex and the City, estaban en una mesa redonda tomando un café. Jessica, Guillermina, Susana y Martha.

- Diablos, me vieron - dije, resignado. - Hay que ir a saludar. Hoy es el cumpleaños de Jessica.

- De acuerdo, finge felicidad - me pidió Ana. - Sobreviviremos a esto.

- No estoy tan seguro.

Las cuatro muchachas levantaron la vista cuando Ana y yo atravesamos el portal de ingreso. Jessica se levantó y fue a saludarnos sonriendo.

Suspiré aliviado. Por lo menos en su cumpleaños, era una persona normal.

166. Más Estúpido

Pero el día perfecto terminó con un dato aún más perfecto, que en otros parámetros de mi vida hubiera sido causa de un declive emocional impresionante, esta vez la situación logró que me sintiera más vivo aún de lo que ya me encontraba.

FABRICIO: Tengo que contarte que hice algo malo.

YO: ¿Qué pasa?

FABRICIO: Es que no aguanté más y le dije a Rafael que su hermano habló mal de mí.

Este Fabricio era un idiota.

YO: Te voy a cortar el pene.

FABRICIO: Perdóname, te juro que no va a volver a pasar. Por favor, no me odies. Es que yo me lo tenía que sacar de encima. Quería aclararle a Rafael que odio a su hermano.

Que chico sufrido este.

FABRICIO: Pero no te preocupes, no le dije que fuiste tú el que me lo contó.

YO: ¿Y no crees que, por más mínima que sea la inteligencia de estos dos hermanos, podrán sospechar que casualmente en los tiempos que nos comenzamos a hablar tú te enteras de algo así?

No podía creer que estaba preguntando eso.

FABRICIO: Es lo que Rafael me dijo. "Eso te lo contó Oliver".

Si bien me tomaba por sorpresa que sea el primer acusado, tampoco íbamos a darle tanto mérito por haber descubierto eso.

FABRICIO: Pero yo le dije que no, porque no eras el único amigo de Felipe que era amigo mío. De todos modos quería contárselo al hermano.

Genial.

FABRICIO: Y yo le dije que no lo haga, porque eso iba a presentar problemas ya que yo no me cerraría la boca ante Felipe con todo lo que sé.

Doblemente genial.

FABRICIO: Entonces dijo que no iba a decir nada.

Me rodean. Lo cierto es que no sé de dónde saco gente así, pero las consigo.

Ven por Mí

165. Al Día Siguiente

Después del tenso final de día, el día siguiente fue mejorando a grandes espectativas. Para empezar, a Ramiro y a mí nos pidieron que hagamos unos trámites y era la primera vez que saldríamos de la oficina juntos para hacer algo.

Tadeo, mi otro compañero que tenía una cabellera adornada de rulos, estaba ayudando también a uno de los nuevos ingresantes a ponerlo al día acerca de las actividades que realiza en cuestión de trámites del ingreso de nuevas mercaderías. Se notaba que aquello le incomodaba porque parecía que tenía miedo de que una vez que su nuevo aprendiz supiera todos los secretos internos, tuvieran que prescindir de él.

Firmamos nuestros permisos de salida y empezamos a caminar por la cuadra de la Empresa.

- ¿Me acompañas hasta el trabajo de mi mujer? - me preguntó. - Voy a pedirle mi auto y tengo que ir hasta mi casa a buscar mi billetera. ¿Te animas?

Ramiro tenía 26 años, era delgado y de ojos verde claro, y estaba de concubino de la madre de su hijo que tenía la misma edad desde que vivían juntos. Era una historia dramática, porque sacrificó sus estudios terciaros para ponerse a trabajar y poder sostener a su familia.

- Podemos ir a donde quieras mientras no tengamos ningún accidente - expliqué. - Porque sé que vives en los suburbios y si nos pasa algo por allí, ¿cómo explicamos que estábamos a kilómetros de los lugares donde nos mandaron?

- Tienes razón, será algo confuso - convino conmigo.

Nos subimos a su auto y nos dirigimos hacia los barrios residenciales de la ciudad mientras hablábamos de cosas de la oficina. Los códigos que manejan nuestros jefes. Las miradas de complicada cuando nos están saturando de trabajo. Sobre lo aplicado que es Tadeo a la hora de hacer algo que quiere hacerlo a una velocidad impresionante. Y unos detalles más sobre qué haremos de nuestra vida si nos echan al final del mes.

La casa de Ramiro era nueva y estaba todavía en construcción. Era un terreno gigante y apenas había comenzado con la cocina, el comedor, un baño y dos habitaciones.

- Hace una semana me mudé y todavía me sigo mudando - comentó. - Antes vivía en la casa de mi suegra, pero finalmente conseguimos con mi mujer tener este lugar hermoso y grande. Si todo sigue bien, construiremos un lugar muy hermoso.

Su utopía parecía ser muy posible porque más allá del desastre que era a primera vista su casa, podría quedar bien si ponían empeño en vivir de una forma organizada, pero el hecho de que sean casi adolescentes los dos dueños convertían en un verdadero caos a todo lo referido a un orden en el ambiente.

Me dio bastante ternura el hecho de lograr ver un par de medias verdes de una criatura que estaban desparramadas por el sillón. Tenían colores navideños y estaban un poco sucias, como si hubiera jugado por toda la casa y luego las hubiera dejado ahí al cambiarse para ir a la escuela.

- ¿Vamos? - me preguntó, cuando muy comodamente me senté. - ¿O quieres que nos quedemos a perder el tiempo aquí en lugar de ir a trabajar? ¿Acaso eso piensas que estaría bien visto por Tadeo?

Me reí y me salí de la casa para subirme al auto. Tadeo se enteraba de esto y haría un escándalo nacional. A veces, tener un cómplice como Ramiro venía a la perfección para escapar de la rutina.

164. Tenso Final

Mi oficina en ese momento se paralizó, pues todos allí temíamos a la reacción del Sr. Verdian, quien es el Jefe de nuestro sector. Un hombre amable pero demasiado agresivo cuando las cosas no salen bien. Empieza a lanzar gritos a los vientos y eso lo vuelve casi al mismo nivel que Merly Streep en El Diablo Viste de Prada. Aunque confiezo que dudo mucho que sepa qué era Prada, de todos modos era para temerle.

- Dime que alguna vez te pasó esto y que sabes cómo solucionarlo - le supliqué a Ramiro Blanc, uno de mis compañeros de oficina, quien dicho sea de paso es el que más uso le da al portátil.

Ramiro intentó inspeccionar qué faceta de aquella computadora era la que había fallado, pero sólo desgastó unos segundos de vital importancia en vano. Lo peor de todo es que no podíamos apagarla porque estuvo cargándose de batería todo el resto de la mañana.

- Llamaré a los encargados de Computadoras y Sistemas - comentó, algo alterada también, la Sra. Guerras, una rechoncha mujer mayor que estaba a meses de su jubilación.

La ayuda de parte de los operadores fue casi tan útil como mis intentos de hacer que Felipe entendiera alguno de mis chistes.

Nadie tenía idea de qué hacer, el horario ya estaba próximo y nadie se animaba a levantar el teléfono para comunicárselo al Sr. Verdinal.

- Lo llamaré yo - dijo el Sr. Cuevas, quien dicho sea de paso es mi jefe de Sector. - Veo que estás demasiado aterrorizado como para contárselo a él.

- ¿Se me nota demasiado? - pregunté, al borde de las lágrimas.

Entonces el caos fue mayor, aunque a todo esto, la nieta del Sr. Verdinal dormía plácidamente con la cabeza apoyada en uno de mis escritorios, porque había salido temprano del colegio y tenía que hacer tiempo hasta el mediodía para poder ir a su casa. La hija del Sr. Verdinal, Cristina, también trabaja en una de las oficinas de la Empresa, pero como estaba a cargo de Atención al Público, no podía hacerse cargo de la hija.

- Sr. Verdinal - dijo Cuevas, al teléfono. - Hay un problema con la Notebook y no podemos imprimir el acta.

- ¡¿QUÉ?! - se escuchó el grito por toda la oficina pese a que fue por teléfono.

Por un segundo tuve la impresión de que Cuevas quedó medio atontado y aturdido.

- Oliver intentó conectarla a las impresoras de aquí y se ha congelado - continuó explicando Cuevas, como si Verdinal entraría en razones.

Ramiro y yo cruzábamos miradas de temor y en ese momento tenía ganas de desaparecer del planeta. Entonces sucedió algo gracioso que si no fuera porque la situación era para cortarse las venas, me hubiera reído. Verdinal ingresó a la oficina gritándole al teléfono mientras que Cuevas seguía hablándole por medio de él. Así que al segundo, ambos seguían conversando estando en la misma oficina.

- No se ofenda, pero creo que voy a cortar la comunicación - le dijo Cuevas al notar que Verdinal había ingresado.

Por si el momento no era demasiado tenso como para que encima le esté agregando ironías.

163. El Error de la Notebook

En un primer momento, era un día como cualquier otro en la oficina.

La mañana transcurrió con un calor impresionante, luego de que el día anterior se viera atacado por una tormenta que hizo que el agua ingresara por toda la habitación y tuviéramos que pasarnos la mañana colocando las cajas de archivos que adornaban el piso, tuvieron que ir a parar sobre los armarios.

De repente, los empleados encargados de la limpieza desaparecieron de la Empresa, por lo que mis jefes mismos estuvieron a cargo de limpiar el agua que marcaba manchas en el piso e iban peligrosamente hacia los cables que estaban sueltos y desparramados.

Una nueva camada de ingresantes había despertado todo el interés de los que estábamos hace seis meses, porque creíamos que serían nuestros reemplazantes.

Nuestros contratos estaban por terminarse y no había ninguna hipótesis sobre si seguiríamos perteneciendo al personal del lugar.

Nadie sabía nada, nadie respondía nada y los días estaban a poco de cumplirse.

Por ello, cuando todos los Gerentes del Estado decidieron reunirse en la sala de Directorio esa mañana, muchos fueron los que pensamos que aquello se utilizaría para hablar sobre nuestro futuro.

- Oliver, en un momento, a la hora que termine la reunión, vas a subir con la notebook para que puedas redactar el Acta Vinculante - me indicó. - Tú escribes rápido y quiero que estas 14 personas puedan firmar esto antes de que se vuelvan a repartir por todo el Estado y luego sea imposible ubicarlas.

Así fue que media hora antes del horario de salida, la reunión que se mantenía con todas las personalidades más importantes de la Empresa, dio por concluída la reunión y me citaron para redactar el Acta.

Contrariamente a lo que todos sospechaban, la reunión se trataba sobre los Ausentes que está teniendo la Empresa en estos días por un cambio de modalidad en los Convenios de Trabajo.

Terminando de redactar el Acta ante todo el mundo con una calidad impresionante y velocidad, mostrándome ante todo el mundo, me indican que imprima unas 10 copias, por lo que bajo hasta mi oficina y decido conectarla.

En ese momento específico fue que la pequeña computadora portatil decidió dejar de funcionar. A dos minutos de la hora de salida y con una cantidad importante de Gerentes de todo el Estado.

Genial. Sencillamente genial.

162. La Otra Historia

FABRICIO: Me lo imaginaba. Siempre se lo digo a Rafael, pero él lo niega.

Entonces Fabricio comenzó a contarme la historia de cómo se conocieron. Resultó ser que cuando él fue a su casa por primera vez, tuvo intenciones de acercarse a Felipe, pero su propio hermano se lo impidió por una cuestión de celos. A partir de allí, Felipe pensó que todo fue culpa de Fabricio y por ello comenzó a odiarlo.

FABRICIO: Siempre intenté que mi cuñado sea mi amigo, pero nunca me lo permitió. Ahora con esto que me dices, confirma mi teoría y significa que voy a dejar de intentar hacer algo para lo cual no soy bien recibido.

Luego, comentó una historia acerca de un amigo de Felipe que terminó siendo amigo de Fabricio. Eran un grupo de la Iglesia, y obviamente también gay. No sé por qué el "obviamente", pero así fue como Fabricio me lo relató. La cosa es que Felipe se armó de nervios al enterarse de esto y una vez que el chico fue a visitarlo le dijo muy cortante "¿Por qué no vas mejor a lo de Fabricio, ya que son amigos ahora?".

FABRICIO: Y lo mismo pasará contigo ahora. Tú y yo ya nos llevamos bien y seguramente nos veremos.

YO: Pero si dice algo sobre mí, es porque él me eliminó de su vida. ¿Qué quieres que haga?

Pero el remate final de todo fue cuando terminó la conversación.

FABRICIO: Sólo te digo una cosa. Así como Felipe habló mal de mí, también habló mal de ti.

Esa no me la esperaba.

Aunque extrañamente tampoco me sorprendía, no sé por qué.

YO: ¿Qué dijo?

FABRICIO: No importa, y no lo comentes o Rafael me asesinaría. Mira que me juego la vida al darte ese dato.

YO: Sabes que no haré líos. No más de los que ya hay.

FABRICIO: Yo entiendo que estés mal por esto, pero déjame decirte que Felipe no es una persona por la que vale la pena que te arriesgues. Tampoco jamás le ruegues para volver.

YO: Créeme que lo aprendí de la forma más dura.

Sí, definitivamente el consejo de Fabricio, me hubiera venido bien hace dos meses atrás.

No hubiera servido de nada, porque todo el mundo me lo dijo y aún así... nunca quise creerles.

161. Fabricio Honesto

Cuando vi a Fabricio conectarse esa noche, le comenté lo que tenía que decirle: que Felipe se había acordado que tenía que devolverle la campera, por lo que ahora estaba viendo que todo mi plan era en vano.

Entonces Fabricio volvió a insistir con algo que yo pensé que no me preguntaría.

FABRICIO: ¿Te gusta Felipe?

Intenté cambiarle de tema, pero insistió.

YO: De acuerdo, Fabricio, ¿por qué eres tan cruel de preguntarme algo de lo que ya sabes la respuesta y se nota que no quiere hablar?

FABRICIO: Perdón, no hablemos del tema. Es que ya me parecía. Sólo que no sabía bien. ¿Ustedes se conocieron por chat?

YO: Alguien le dio mi dirección de correo y así empezó todo.

Recordar aquello era bastante humillante.

FABRICIO: ¿Se conocieron cuando fuiste a su casa?

YO: No, cuando él vino a la mía. Luego nos vimos en la casa de Ana y la tercera vez fue en su casa.

Nuevamente, el suceso de cómo pasó todo fue demasiado. Estaba admitiendo a su cuñado todo lo que sentía. ¿Qué más humillante que eso?

FABRICIO: ¿Se dieron alguna vez un beso?

Esto.

YO: No.

Sí, definitivamente esto.

FABRICIO: No me sorprende, realmente le encanta tener a todos detrás de él para luego no hacer nada.

Me sentí un poco mejor al saber que no era el único. Sólo era un estúpido más del montón.

No sé cómo fue que me hizo sentir mejor, entonces.

YO: Es que sabemos que lo único que tiene es ser hermoso. Dios sabe que carece de inteligencia, simpatía y personalidad.

FABRICIO: Lo sé. Lo mismo pasa con Rafael. Si algún día le tiran ácido en la cara o tienen un accidente, se mueren.

Pese a que Fabricio lo decía por el rostro de los chicos que se morirían de angustia, me imaginé que si le tiraban ácido o tendrían un accidente, también corrían riesgo de morir de verdad. Pero se entendió la intención de la metáfora.

FABRICIO: Una pregunta, ¿Felipe no me soporta mucho, cierto?

YO: La verdad es que te odia.

Ya que estamos, ¿qué peor que seguir embarrando más el asunto todavía?

Te Aviso Te Anuncio

160. Noche Tranquila

La tarde me encontró con Lucas, que como siempre, no aportó nada a mi tarde más que un rato de diversión para retomar los capítulos de Naruto que nos habíamos quedado sin ver. Luego de eso, se marchó y yo recibí una invitación de parte de Tobías para ir a perder tiempo a su casa.

Así fue como la noche de hombres fue liderada por Tobías, Emilio, Pablo, Marcelo y yo, donde se debatieron diversos temas superficiales patrocinados por una botella de cerveza. Cuando se agotó, fui con Pablo a comprar más.

- Ahora estoy enojado - me contó. - Todas las mujeres con las que yo tenía mi piratería están de novias oficialmente y, lo peor, es que le quieren ser fieles a su novio. ¡Es injusto! Cuando ellas querían ser piratas conmigo, yo lo hacía por más que tuviera a Paola. Pero ahora ellas no.

- La reciprocidad es un arte olvidado - comenté, mientras llegábamos al kiosco. - ¿Y cómo están las cosas en tu casa?

Habíamos quedado con Pablo en hablar acerca del asunto de que su padre se fue con otra mujer y abandonó la familia. Sólo que no había tiempo ni forma nunca para que podamos hablarlo.

- Ahora las cosas en mi casa se encuentran bien - comentó. - Un poco desbaratadas, pero superándolas. El problema reciente fue que mis abuelos maternos comieron algo en mal estado y estuvieron un día internados. Lo que mi casa era un desastre viviente de gente llamando y preguntando por ellos, por lo que no pude estudiar mucho.

- Entiendo, te divertiste entonces - ironicé.

Cuando volvimos a sentarnos con los chicos después de ese camino, mi imaginación jugaba a que en cualquier momento aparecería Rafael y me gritaría, delante de todos, que dejara en paz a Fabricio.

Luego apartaría a Rafael del lugar y miraría a mis amigos diciéndoles algo así como "les juro que puedo explicar esto", y tendría la charla con el hermano de Felipe diciéndole que mis intenciones con Fabricio no son más que las de una amistad.

De todos modos, pese a que la casa de Tobías queda a una cuadra de la disco más famosa de la ciudad, ni Rafael ni compañía cruzaron por ahí.

Me quedé unos minutos más allí y luego decidí que era tiempo de volverme. Estaba cansado pero quería terminar algunos de todos los trabajos que tenía para hacer. De todos modos, no sirvió demasiado porque estaba como al principio, sin poder avanzar en nada.

Me dormí durante 17 horas seguida y desperté entrada la noche de domingo, dispuesto a empezar una nueva semana que, ya con el aire acondicionado no funcionando y con el Plus de mi MSN que había desaparecido de mi computadora, sirvió para anunciarme que se pronosticaba igual de mala que la anterior.

159. El Revés

De hecho, todo parecía indicar que mi plan estaba saliendo a la perfección. Inclusive, mi vínculo con Fabricio había aumentado un poco al punto de tener la confianza de preguntar "Si Felipe y yo seguimos sin hablarnos, ¿queda bien que nos juntemos contigo y Rafael, algún día, a jugar en la casa de Ana o en la mía?".

FABRICIO: Obvio que sí. Cuando quieras.

Todo parecía estar saliéndome bien, e inclusive esa misma tarde Fabricio recuperaría mi Clue de la casa de Felipe, sin que yo tuviera que devolver esa campera.

Pero entonces, algo sucedió esa misma tarde cuando por error decidí conectarme mientras esperaba a Lucas.

Felipe volvió a hablarme y no de una forma muy cortez.

FELIPE: No quiero sonar grosero. Antes que nada, "hola, ¿cómo estás?". Segundo, quiero mi campera.

Diablos.

YO: De acuerdo.

FELIPE: ¿De acuerdo qué?

Paciencia.

YO: ¿La quieres hoy?

FELIPE: No, hoy no.

YO: Entonces la semana entrante, si tengo tiempo, te avisaré para devolvértela.

FELIPE: Genial.

No volvimos a hablarnos.

Estaba claro que algo en mis planes había salido mal y me quedé pensando en todas las posibilidades que pudieran existir por esto. Si Fabricio fue a pedir mi juego esa tarde, es muy posible que se haya molestado y por eso tuvo esa táctica. Si conseguí molestarlo, por lo menos ya era algo, porque aquella era la primera vez que sí quería hacerle daño.

No me gustaba la venganza que estaba haciendo, pero tampoco es que tenía una buena forma de herirlo del modo que él hizo conmigo, así que tenía que abstenerme a usar las pocas armas que tenía para sobrevivir.

Esa noche vino Leo a mi casa y yo intenté dormir un poco mientras él hacía un trabajo en la computadora. Me despertó a las 5 de la mañana cuando me llegó un mensaje de mi ex, Hugo, que solamente decía "¡hola!" y que no respondí.

A partir de allí, un intenso dolor de cabeza me invadió y terminé vomitando por más de dos horas el resto de la mañana. Totalmente sorpresivo, porque hace años que no tenía un ataque de estos.

158. Ganar en Algo

Me pasé el resto de la charla convenciendo a Fabricio de recuperar mi juego de la casa de Felipe, sin que tenga que devolverle su campera. Quedamos en que íbamos a hablar bien sobre el plan, si es que él y Rafael volvían a hablarse, claro.

- Y fui un estúpido - le conté a Lucas, al día siguiente. - Porque me metí en problemas por querer hacerme el gracioso y esquivar el momento de reencontrarme con Felipe. Aunque, sinceramente, sospecho que le quito un peso de encima.

- Yo apostaría en que va a querer recuperar su campera - acotó mi amigo.

- Es posible - comenté. - Pero le va a hervir la sangre de rabia cuando se entere que ahora hablo con Fabricio. Para empezar, no lo quiere. Así que imagínate cuando Fabricio le pida mi Clue para devolverme. Va a insultarme muy feo. Estoy seguro. Pero lo que sí es seguro, que haré todo lo posible por no devolverle su campera.

Lucas se quedó mirándome en silencio.

- ¿Esa es tu venganza porque no te quiere hablar? - preguntó. - ¿Robarle una campera?

- No - respondí, siendo sincero. - Lo de la campera no es una venganza.

- ¿Entonces por qué tu obsesión por no devolvérsela?

- Porque quiero saber que al menos le gané en algo - le dije, desesperado porque entienda. - Porque necesito saber que no perdí todo lo que tenía y que algo bueno salió para mí de todo esto, por más que sea una mundana campera que no necesito.

Las lágrimas me corrían por los ojos en el momento de decir mi argumento, pero no podía evitarlo.

- Necesito saber que no fueron tres meses en vano - remarqué. - Y no quiero dejar que Felipe me vuelva a ganar, porque sinceramente me ganó en todas las partidas. En una tengo que salir vencedor yo.

Entonces lo supe. Esta vez era diferente porque había perdido más de lo que pensé.

Cuando terminé con Juan, él era un chiste de la vida. No tenía empleo, no sabía qué hacer de su existencia y abandonaba todo. Luego, Lucas siguió exactamente el mismo camino. Guillermina quedó totalmente sola y desamparada sin mí. En cambio, Felipe, era el único que ganaba más de lo que perdía al dejarme ir.

Su mundo no se modificaba en lo absoluto y en todos los aspectos, Felipe era mejor que yo.

Era esa competencia que nos ponemos a la hora de saber que alguien nos deshechó. Esta era la peor derrota de todas, porque era la primera vez que alguien ni siquiera me vio como una competencia.

157. La Pelea Más Fuerte

Rafael y Fabricio terminaron su relación el 17 de Noviembre de 2008, a exactamente 10 meses de haberla empezado.

¿Cómo es que me enteré de esto si no me hablo con Felipe? Bueno, es una historia interesante que mezcla a la falta de comunicación, con el interés de recuperar un juego y con una confiaza absoluta entregada en el primer momento de la charla. Y nada de esto hubiera pasado si no fuera por la ayuda de los metroflog, quien Carlos fue el que me hizo descubrir que Fabricio tenía uno.

Y así empezó todo.

Felipe se había quedado con mi Clue, la tarde de un jueves cuando prometimos encontrarnos un viernes que nunca sucedió. Yo me había quedado con la campera de Felipe, la noche de un martes, un día antes de que tengamos que rendir para ingresar al Juzgado.

¿El objetivo? Recuperar mi juego sin devolver su campera.

¿Motivo? Me quedaba bien.

¿Es robo? Sí, tal vez.

Cuando me inicié por dos días en el mundo del metroflog y firmé el de Fabricio, una amiga de él me pidió mi dirección de correo y pudimos hablar brevemente. Ahí estaba la clave y fue la persona a quien le pedí el e-mail del muchacho en cuestión. Me lo dio.

Fabricio comenzó a contarme que se habían peleado porque Rafael lo hacía llenarse de celos en el chat con los hombres con los que hablaba. También confesó que esa misma tarde, Rafael estuvo llorando para que lo perdonara y por más que le dolía en el alma, no quería ceder.

Había llegado el momento de actuar y hacerme el psicólogo. Le dije que si se imaganaba no estar con él de aquí a dos semanas, que si valía más esta pelea que todo lo que pasaron juntos y si realmente se iba a animar a enfrentarse al mundo sin Rafael. Comenzó a dudar.

Agradeció el que lo haya ayudado a pensar. Pero no se conformó con eso.

FABRICIO: ¿Me quieres contar ahora que pasó entre tú y Felipe?

Genial. Había sido lo suficientemente obvio como para que ellos notaran que Felipe me interesaba. Aunque, sinceramente, creo que hasta los pastos del patio de la casa de los mellizos lo sabían.

YO: Sinceramente... nada.

Error. Acababa de reconocer que Felipe me interesaba sin saber a qué se refería Fabricio.

FABRICIO: Pero por algo se pelearon.

Ahora sí me sentí un estúpido.

Soy brillante para estas situaciones. Brillante.

156. Mañanas Interminables

Los días siguientes en la oficina, fueron una especie de calvario que anunciaba que la tragedia de Felipe no era tan mala a comparación.

Para empezar, mis jefes estaban en pleno arranque de histeria por lo que tenía miedo de comunicar que no había ido a rendir el viernes por miedo a que me maten, pero lo peor de callarme era el miedo a que apareciera la profesora a comunicarles que no lo había hecho. De hecho, apareció, pero para mi fortuna, solamente rindió unos papeles y ninguno de mis jefes se encontraba en mi oficina.

Cinco minutos antes de la hora de retirarnos, uno de los jefes descubrió que necesitaba un recibo con extrema urgencia y me mandó a hacer la transacción, por lo que salí 45 minutos tarde del horario acordado.

- No me cierren la oficina - le dije a mi jefe al teléfono, cuando me anunciaba que él sí se iba. - Tengo todas mis cosas allí.

Por supuesto, mi oficina cerrada con llave cuando volví a la empresa, por lo que tuve que pedirle a Seguridad que me diera la copia mientras sostenía una conversación de casi media hora con Ana al teléfono. A la chica le había ido bien en la próxima ciudad donde se mudará con su padre el año próximo. Cada vez más cerca de su despedida.

Pero al día siguiente, la noticia de no haber rendido llegó y me exigieron volver a presentarme al día siguiente. El problema fue que cuando fui, hubo un problema en la comunicación y la profesora me daba un día más para rendir, por lo que casi no dormí por estudiar... en vano.

A la hora de pasarnos a contratados, nos hicieron hacer una amplia gama de estudios, que pude hacerlo gracias a la compañía de Cristopher, un joven enrulado que trabaja en una oficina adjunta a la mía que también le tocaba el mismo turno que a mí. El problema fue que mi jefe casi no me deja ir a la hora convenida porque se le ocurrió que teníamos que terminar un trabajo a esa hora.

Casi lo mato.

Cristopher me paseó por toda la ciudad a las corridas, entre radiologías y electrocardiogramas, porque no le gustaba no estar trabajando. Lo cual, sumado al análisis de sangre, estuve mareado todo el resto de la mañana.

Finalmente Tadeo fue el que se llevó la peor parte, al tener que soportar a mi jefe en pleno arranque de histeria, mandándolo como si fuera un soldadito de plástico. Por un momento, se sacó de quicio y le contestó que no podía con todo, lo cual se arrepintió al instante, pero es que realmente no se lo pudo aguantar y ni siquiera lo meditó.

- Voy a trasladarme de oficina - me dijo, en chiste. - Ya le insulté al jefe. La próxima, seguro vamos a los golpes.

Y yo que pensé que cuando mi jefe no me dejó salir y yo comencé a pedirle que me marchara, me había desubicado. De todos modos, entendía a Tadeo. En estos días la gente en el trabajo andaba un poco desquiciada.

La Vida al Revés

155. La Hora de la Verdad

domingo, 28 de diciembre de 2008

- ¿Qué sabes de Felipe? - me preguntó Lucas.

Odiaba que me pregunte sobre cosas que no quería hablar, pero de todos modos era inevitable no responder.

- Lo mismo que sabes tú - dije, irónico. - Nada.

- Pero... ¿y las cosas de cada uno?

- De más está decir que estás comprometido a ir a buscar mi Clue cuando él lo pida y le llevarás la campera - dije. - No voy a someterme a verlo para que sea nuestra despedida definitiva.

Lucas tenía algo que decir. Lo noté por su forma de mirarme. No era una mirada usual, sino una que demostraba pena.

- ¿Sabes qué significa esto realmente, verdad? - preguntó.

- ¿Qué sólo me relaciono con imbéciles?

- Que lo del insulto fue una excusa - respondió, ignorando mi sarcasmo. - Una pobre excusa porque no sabía cómo decirte que no quería que aparecieras más.

Aquello me dolió más de lo que pensé. Era más fácil hundirme en la tragicomedia de la situación antes que intentar resolverla para llegar a esa conclusión tan dolorosa.

Mi voz se quebró y estuve a punto de llorar.

- ¿Cómo puede existir esto? - pregunté. - ¿Cómo pudo pasarme de nuevo?

Era el mismo fantasma que azotaba a mis puertas siempre. El de Juan, el de Lucas, el de Felipe. Todos tenían ese mismo final. Todos tenían esa tragedia escondida.

Tosí y mis lágrimas se confundieron como una señal de asfixia, aunque no pude engañar a Lucas. Sólo agachó la mirada y no dijo más.

- Lamento que te haya pasado de nuevo - respondió. - Eres una buena persona y no es justo.

- ¿Lo soy? - pregunté retóricamente. - Porque si lo fuera, tal vez no me pasaría. Ya... Ya no sé si soy bueno o no.

Nos quedamos en silencio por un rato y luego Lucas se marchó murmurando un próximo plan que no sabíamos cuándo llevaríamos a cabo, pero ahora teníamos Internet para comunicarnos.

Ese día dormí más 14 horas.