85. Quédate

jueves, 25 de septiembre de 2008

Me desperté a la mañana siguiente un poco confundido por la fiesta de la noche anterior.

Escuché que mis familiares se reían en la cocina, por lo que no quise asomarme al exterior de mi habitación hasta no estar bien despierto.

Recordé a Marcelo y la información que poseía sobre mí.

¿Qué debía hacer ahora? ¿Actuar con normalidad? ¿Preguntárselo?

Me conecté y, para mi sorpresa, estaba Felipe.

Recordé que la estaba pasando bastante mal por su preocupación sobre su novio y su nuevo empleo, que le ocuparía los horarios libres que tenían para verse a la tarde.

Inexplicablemente, había encontrado ya una solución.

FELIPE: Necesito mudarme de mi casa. Conseguir un departamento y mudarme. Así mi madre no podrá prohibirme que salga a la hora que yo quiera. Podré ver a mi novio a la siesta y a la noche. Seré libre.

Nunca dije que era una solución coherente.

FELIPE: ¿Puedes preguntar a alguno de tus amigos si conocen algunos sitios?

En la primera persona que pensé es en Martha. Ella tenía conocimiento en bienes raíces, porque tuvo una vez un novio que vivía en otro sitio y que también estuvo diambulando de lugar en lugar hasta encontrar alguno cómodo.

YO: De acuerdo. Veré que puedo averiguar. Me tengo que ir.

Y de hecho mientras hablaba con él me estaba cambiando, cuando de repente, en la ventana, aparece la petición menos esperada.

FELIPE: No te vayas. Quédate un poco más.

Suspiré.

No podía decirle que no.

YO: Vale. Me quedaré media hora más y luego me iré, porque todos mis amigos me están esperando.

FELIPE: De acuerdo.

La siguiente media hora hablamos sobre lo que sería tener una nueva vida, prometiendo un espacio de su tiempo libre para dedicármelo a mí.

Una cínica sonrisa se me cruzó en el rostro al darme cuenta que el muchacho ya tenía conocimiento de que me tenía donde quería.

Él me iba a pedir que salte.

Yo iba a preguntar qué tan alto.

84. Cuando Guillermina quedó Sola

Esa misma noche, en otra punta de la ciudad, Susana y Martha se habían reunido para pasar la noche de un sábado sin planes.

Después de que Jessica había armado toda una campaña en contra, las dos fueron excluidas oficialmente por todo el grupo, y para empezar, por Guillermina quien era la única que las amarraba cada vez que había algún evento de índole social.

- Pero ahora Guillermina está sola - le dijo Martha a Susana, cuando se pusieron a debatir sobre el tema. - Jessica ha conseguido un nuevo empleo, ¿sabías?

- Bien por ella - dijo Susana, con cara de pocos amigos.

Estaba claro que no le hacía gracia hablar sobre su ex mejor amiga que tanto la había humillado.

- Es que te apostaré algo - le dijo Martha, que le encantaba jugar a ser vidente. - Desde que Jessica comenzó a trabajar, Guillermina se sostiene en el grupo gracias a Oliver. Pablo, Lucas o hasta Tobías apenas la tienen en cuenta, y si analizamos bien la cuestión, ellos son amigos de él pese a que la conocen a ella desde hace más tiempo.

Susana miró esperando una gran explicación que siguiera después de esta declaración. Martha entendió que le faltaba continuar para ser entendida.

- Oliver tiene un cumpleaños esta noche - anunció Martha. - Hoy, noche de sábado. Jessica trabaja hasta tarde. Lo que significa que Guillermina, te apuesto lo que quieras, querrá ver qué haremos nosotras para que ella no se sienta tan sola.

Susana no creyó que fuera así de cierto. En general, Martha tendía a equivocarse en cuanto a las reacciones de los demás. Pero fue tan sorprendente cuando en el MSN, Guillermina hizo tal cual lo que su amiga había anunciado, que no pudo evitar reírse.

Por supuesto, la ignoró por completo, sabiendo que Guillermina se iba a alterar del otro lado del monitor.

- Me está preguntando qué es lo que haremos - le dijo Susana a su amiga. - Le estoy respondiendo que no sabemos bien y luego le estoy mandando íconos gestuales. Sé que le alteran.

- Nos altera a todos - le reconoció Martha.

Y, en efecto, Guillermina se fue insultando a Susana diciendo que deje de hacerse la estúpida si sabía que tenían planes, por más que no la quisieran invitar.

- Es una pena por ella - dijo Susana, cerrando sesión. - Si no hubiera sido tan venenosa conmigo, posiblemente sentiría compasión de que todos la abandonen.

- Aún así, sabemos que ella es solamente un títere de Jessica - repitió Martha. - Llegará el día en que a Jessica se le vuelva en contra todo el veneno que volcó hacia los demás. Hacia nosotras, hacia Oliver, hacia Lucas, hacia Andrés y hasta hacia Eleonora.

Tarde o temprano, el karma se encarga de devolverte los favores.

No hay héroes que te salven de esto.

83. Seguro fue Pablo

Mi cabeza estaba con todos los cables desconectados.

La historia que Lucas me acababa de contar tenía cosas ilógicas e incoherentes por todos los puntos en donde se lo mire.

- No encuentro una conexión coherente - dije, encogiéndome en hombros. - No hay forma en que la información sobre mi bisexualidad haya entrado en Marcelo. No hay forma.

Creo que a Lucas le encantaba verme en ese estado de incertidumbre, pero ciertamente aquello era un hecho significativamente distinto.

- También lo sabe Iván - dijo, de pronto.

Lo miré con una mezcla de asombro e intento de homicidio. Lucas lo notó y se defendió con sus manos, poniéndolas como un escudo, antes de que yo lo golpeara.

- Fue Pablo - dijo, antes que yo pudiera soltar palabra. - Cuando Iván estuvo de visitas en la ciudad, hace un mes, Pablo y él tuvieron una charla sobre ti. Pablo le reveló la verdad a Iván y él me la vino a contar a mí. Tuve que decirle que no comente nada o iba a seguir esparciéndolo.

- ¡¿Pero acaso Pablo no tiene una vida?! - exclamé, totalmente indignado. - ¿No tiene una cosa más interesante que hacer que ponerse a hablar de mí?

- De todos modos, Iván es el que menos te tiene que preocupar - reconoció Lucas. - Es mi mejor amigo, confío en él y sé que se va a quedar con esto que sabe. El problema real es Marcelo. ¿Cómo se enteró?

Me prendí un cigarrillos de los nervios por enfrentarme a aquél debate.

- Es que toda la historia es ilógica - analicé. - Para empezar, sé que Marcelo tiene aires de homofóbico, por lo cual jamás pensaba revelarle una cosa así a él. Y si alguien se lo contó, significa que alguien de mi confianza me traicionó. Y otra cuestión que no puedo creer es que Marcelo lo haya comentado delante tuyo y delante de Tobías. ¡Justamente él!

- ¿Por qué te parece extraño?

- Porque cuando Pablo contó a Guillermina y a Jessica que Susana se acostó con Iván y que por este motivo la comenzaron a apartar del grupo, Marcelo saltó en su defenza - recordé. - Esta indignado que las chicas se metieran con Susana, que será lo fácil que quieran, pero no es una mala persona. ¡Y de última, él mismo reconoció, que se acueste con quien se acueste, es problema de ella!

- Pero después de todo estuvieron juntos ayer - me recordó Lucas, como queriendo sacar algo bueno del asunto. - Significa que superó su trauma.

- Significa que yo no sabía nada de esto por haber actuado con tanta naturalidad - reclamé. - Es tan injusto.

Tenía tal confusión de asombro en la cabeza que no podía pensar con mucha claridad.

Es increíble como el héroe de una persona puede ser el villano de otra. Y esta vez, Marcelo se había convertido en mi villano.

82. Marcelo lo ha Descubierto

Tres días atrás, Lucas se encontraba con Tobías y Marcelo tomando una cerveza en un bar, como quienes pierden un miércoles por la noche después de un arduo día de trabajo.

Un encuentro de amigos para hablar un poco de trivialidades.

- ¡Oliver se acuesta con hombres! - gritó Marcelo, de repente.

Lucas casi se atragantó con el poco de cerveza que tenía en la boca.

- ¿Qué? - dijo, fingiendo sorpresa. - ¿Y eso?

- Me enteré - dijo Marcelo, indignado. - No lo puedo creer. Practicamente se me cae un ídolo. Jamás lo hubiera pensado de él.

Lucas miró a Tobías buscando ayuda con los ojos, pero le fue devuelta la misma mirada de incertidumbre.

- ¿De dónde sacaste una cosa así? - preguntó Lucas.

- No puedo decir quién es mi fuente - aclaró Marcelo. - Sólo sé que la situación me da asco. Es más, creo que no voy a volver a hablarle.

Nuevamente Lucas y Tobías intercambiaron una mirada de asombro.

- Espera, Marcelo, ¿estás escuchando lo que estás diciendo? - le preguntó Lucas, en mi defenza. - Más allá de si eso es cierto o no, estás por dejarle de hablar a una persona que conoces porque te has enterado de algo que no es relevante en tu vida. ¡Es ridículo!

- Es que tengo miedo - confesó Marcelo, encogiéndose en hombros. - No me gusta la gente así. Ahora no sé cómo hablarle. Mira si quiere seducirme.

Lucas ahogó una risa.

- ¡Por Dios, Marcelo! - gritó. - ¡Lo conoces desde hace casi un año! ¿En algún momento notaste que él se te haya insinuado? Porque dudo mucho que para él tú entres en la categoría de sus gustos.

- Entonces me estás confirmando que es cierto - dijo Marcelo.

- Sólo estoy confirmando que de última instancia es un tema de él y no algo que debamos debatir nosotros - retrucó Lucas. - Si él no quiso contártelo, debe ser porque no quería que te enteraras. Y creo que debemos respetar eso.

Marcelo se quedó callado y a Lucas le despertó la curiosidad ante aquél arranque de histeria por esa información.

Tobías, que generalmente permanece callado, tomó la palabra. Miró a Lucas.

- A mí no me importa - dijo, finalmente. - Pero siempre escuché rumores que se sentía atraído por ti.

- Esas son cosas de Jessica - respondió Lucas. - Tú sabes que entre ella y yo las cosas terminaron mal y que haría cualquier cosa con tal de desprestigiar al resto. Todos saben que es una serpiente. Y si no lo saben, es porque están ciegos y no ven lo obvio.

Se hizo un silencio por unos minutos en la conversación de los tres caballeros.

Marcelo parecía haberse perdido entre sus pensamientos.

- No lo sé - largó, como un suspiro. - Veré si puedo vincularme con él y si no me siento extraño. Pero no puedo prometer nada. Tal vez nuestra amistad se termine aquí.

81. La Decisión de Lucas

Habíamos terminado de cenar hasta el postre, cuando finalmente tuvimos la oportunidad con Lucas, vestido de etiqueta como todos los mozos, de sentarnos a fumar un cigarrillo.

Los invitados pasaban por delante nuestro en el patio y se preguntaban qué diablos hacía aquél joven que no estaba trabajando para servir en la fiesta. Pero a Lucas no le importaba.

- Voy a renunciar después de esta noche - me contó.

La primera pregunta que se me vino a la cabeza no fue "¿por qué?", sino "¿qué harás ahora?". No pregunté ninguna de las dos.

- Si hay algo que a mí no me agrada, son los líos que se pueden armar gracias al chisme - comentó, dándole una pitada a su cigarrillo. - Estoy muy enojado con mi jefa. Más que enojado, estoy desilusionado. El otro día vino con un arranque de histeria y comenzó a gritarle a mi compañera que ninguno hacía nada. Dijo que yo solamente jugaba con la Playstation allí y que ni siquiera atendía a la gente.

Dos jóvenes pasaron hacia el baño de hombres. Uno era atractivo.

- Pero voy a renunicar, porque no puedo seguir trabajando aquí.

No quise explayarme en mi opinión porque estaba en total desacuerdo con lo que me decía aquél sujeto.

- ¿Estás completamente seguro? - atiné a preguntar.

- Así es - dijo, cruzándose de brazos. - Mi jefa tendrá que hacer un arduo trabajo de persuación si piensa que va a conseguir que me quede. Y si lo hace, van a cambiar muchas cosas.

Ahora tenía un poco más de sentido.

Lucas quería jugar con su suerte para saber hasta qué punto era importante en la empresa, o hasta qué punto alguien notaba su valía.

Ni yo hago tantas cosas infantiles.

- Me da mucha pena por mis amigos, los que se quedan - dijo. - Ellos son los que van a tener que soportar aquél maltrato.

- Me parece que no es la forma de manejar las cosas - contesté, al fin. - Estás actuando por impulso y no estás usando el razonamiento. Es preferible que lo hables antes que digas algo de lo que después no sepas cómo retornar.

- Es que ya lo pensé - prosiguió. - Es la única alternativa que me queda.

Corazón Gitano

80. Franco

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Ignoré al muchacho no sin antes verlo de reojo un instante.

Encontré a uno de los amigos de Juan del curso en que el año pasado nos encontrábamos. Ni me acordaba el nombre.

- La mayoría se encuentra con presentaciones en el interior - me contó. - Por eso no pudieron venir a este cumpleaños. Por ejemplo, un show que Juan dirigió salió tercer lugar en un Encuentro y ahora esto le dio una fama bastante importante.

- Mira tú que bien - dije, feliz.

Había recibido la invitación para ir a ver aquél espectáculo, pero por cosas diversas, nunca pude ir. De todos modos, me alegro que Juan haya avanzado en su carrera como director y finalmente haya hecho algo productivo por su existencia.

- Tienes que aparecer algún día - me dijo el joven. - Se te extraña.

Sonreí sin prometer nada. Sabía que tal vez nunca cumpliría.

El muchacho se metió nuevamente por el pasillo y el joven rubio de ojos claros que me estuvo observando se acercó y se puso delante mío sin dejar de dedicarme una sonrisa.

Me sentí incómodo.

Lo miré.

No dijo nada.

- ¿Qué? - dije, asustado.

- ¿Eres Oliver?

- Sí.

- ¿Oliver Luk?

- Sí, ¿te conozco?

- Soy Franco - me dijo.

Entonces lo recordé. Franco era un muchacho que perteneció a mi existencia un tiempo, hace muchos atrás, y luego se había mudado de la ciudad. Ahora parecía estar de regreso, con un look totalmente contrario al que me tenía acostumbrado.

Sonreí por el reencuentro y lo abracé.

- Por Dios, estás muy distinto - dije, emocionado. - ¿Qué haces aquí?

- No me dejan pasar - me reconoció. - Mis amigos están dentro y no me dejan ingresar a mí porque no tengo tarjeta.

- Te haría entrar pero siendo el primo me dijeron que también necesitaba tarjeta, así que mi voto no cuenta demasiado aquí - le reconocí.

De todos modos la charla no duró demasiado. Los amigos de Franco salieron en ese momento para anunciarle que volverían más tarde, cuando tenga acceso a ese lugar.

Nos dedicamos un último saludo y nos despedimos.

Fue un buen reencuentro. Breve, pero dos veces bueno.

79. El Cumpleaños

Llegamos a una fiesta totalmente bien organizada por la empresa en la que Lucas trabaja. Telas rosadas y amarillas colgaban por el techo y luces de colores se escondían por los rincones del salón. Portarretratos de mi prima como souveniere brillaban en una mesa lejana, mientras que todos los familiares se iban acomodando en sus respectivos puestos.

Apenas entré, pude ver a Lucas en la entrada.

- ¿Targeta de invitación? - bromeó, cuando me vio.

- ¿Cómo estás? - pregunté.

- Bien, desde las ocho de la mañana que estamos acá - dijo.

Seguí a mi familia que se dirigía hacia nuestra mesa.

- Por favor, rescátame apenas puedas - le supliqué, sonriendo.

Esquivé a un par de mimos que entretenían a dos niñas en el patio y me metí en el salón. Así que entretenidos con pequeños platillos, tuvimos que esperar poco más de una hora hasta que mi prima hiciera su apertura.

Divisé a la hermana de Guillermina, que figuraba en la lista de invitados, sentándose en una mesa lejos de allí. También me choqué con la hija de mi compañera de oficina que era practicamente una de las cabecillas del evento. Ambas muy afectadas por el suicidio de hace un par de semanas atrás, ahora finalmente tenían una leve sonrisa en sus rostros.

También encontré a varios chicos del grupo que eran amigos de Juan. Me saludaron gentilmente y cuando me acerqué a hablarles, sólo me dijeron que posiblemente serían unos pocos, ya que todo el resto andaba con distintas presentaciones en la provincia.

Pasada la medianoche las luces se apagaron y en la pantalla apareció un video de la que debería ser mi prima en sus primeros años. Luego ella hizo su gran introducción y una voz de locutora muy sexy anunció que permanezcan todos en sus puestos para que puedan servir la comida.

Yo agradecido, porque me moría del hambre para esa altura.

Por fortuna, debería creer, a Lucas le tocó ser mozo de mi mesa. Lo que le dio la total confianza de servir el plato de entrada y luego el principal, a todos menos a mí.

- Lo siento, no podía traer todos - me decía, encogiéndose en hombros. - Ya te traigo tu comida.

Y minutos después, cuando todos en mi mesa alcanzaron a devorar sus alimentos, a mí recién me los traía.

Lucas a veces no es tan divino como suele mostrarse.

- Ya vuelvo - dije, a los familiares que se encontraban en esa mesa.

Salí del salón con intenciones de ir a la entrada a fumar un cigarrillo, pero en eso me crucé en el pasillo a un chico rubia, de ojos claros y verdaderamente lindo que me resultó conocido.

No supe si en el pasado me había acostado con él.

Sólo recuerdo que, en el presente, sonrió.

78. La Llamada Perdida

Cuando la vida parece estar al tope de los conflictos que a uno se le genera, siempre hay espacio para otros más.

Tuve una llamada de Ana durante la siesta. No nos podíamos ver con la frecuencia de antes y practicamente toda la semana pasamos sin hablarnos. Ella ocupada con sus estudios y yo ocupado con mis horas extras y traumas que me generaba el ser rechazado por un hermoso jovencito.

- No sabes con quién hablé en estos días - me comentó emocionada. - Recibí una llamada inesperada de... ¡Juan!

¿Algo más tendrá el destino para jugarme una mala pasada?

- Que suerte - dije, lacónico.

- Pero fue algo muy gracioso - me contó. - Resulta que yo estaba medio dormida y me llaman por teléfono. Y como no tenía agendado el número, pensé que era un amigo mío. La cosa es que me estuvo invitando a ir a no sé qué lugar y yo estaba pidiéndole que me de un tiempo para bañarme, cambiarme, producirme e iba.

La historia se interrumpió un momento porque se comenzó a reír.

- Pero en eso me dijo "¿quién habla?" - continuó. - A lo que le digo quién era yo, y él me dice "mil disculpas, Ana, quería hablar con otra persona". A lo que quedó muy gracioso, porque yo también pensaba que era otro sujeto.

Me reí ante la risa de mi amiga pero no porque la historia de Juan me causara mucha gracia.

- ¿Nos vemos el lunes? - me preguntó.

- Afirmativo - dije, y corté la llamada.

Me preparé para ir al cumpleaños por el que toda mi familia estaba invadiendo mi casa.

Lo único bueno es que la empresa de Lucas era la encargada de hacer el servicio y por lo menos, en algunos momentos de la noche, podría escaparme con él.

77. Café de Madrugada

Menudo conflicto se hayaba ahora en la vida de Felipe. No sólo tenía más trabas por delante, independientemente de cuanto me beneficiaba a mí, sino que también ahora practicamente ya no se podría ver más con el amor de su vida.

Que dolor, que dolor, que pena.

Mientras tanto, la fiesta duró hasta altas horas de la madrugada, donde cinco personas solamente dieron señales que necesitaba un techo donde refugiarse, porque en ningún momento intentaron relacionarse con nadie más.

Marcelo y yo fuimos a tomar un café después de salir de allí.

- No puedo creer lo sociable que es la madre de Ana - comentó Marcelo. - Nunca pensé que existiera una de esas madres que sean tan sociables. Es como una más del grupo.

- Sí - respondí. - Cuando en Semana Santa, Ana y su familia se fue, todos fuimos a jugar al TEG con ella solamente.

- Me contó Lucas que le quieres regalar un teclado a Ana - dijo, metiéndose un sandwich en la boca. - ¿No te parece muy costoso?

- No - dije, encogiéndome en hombros. - Es casi todo un mes de trabajo, pero vale la pena en última instancia. Lo que sucede es que estoy esperando la llamada de la madre de Ana que me confirme que nadie más le va a regalar una cosa así.

Desde hace dos semanas, a Ana se le dio por tocar el teclado. Ya aprendió a tocar la Marcha Nupcial, por lo menos la primera parte, y el Feliz Cumpleaños.

Todos estamos muy orgullosos por ella.

A Marcelo le llovían los mensajes de textos.

- Dejé mis cosas en la casa de tu vecina y traje sus llaves - comentó. - Ahora me está apurando para que regrese porque quiere entrar a dormir, así que terminemos rápido con todo esto y marchemos.

Estábamos hablando de la misma persona que hace un par de días atrás le practicó sexo oral a Lucas en la parte de atrás de su auto, pero no le comenté a Marcelo que yo disponía de esa información.

Nos fuimos y nos despedimos como siempre.

Esa noche yo todavía desconocía de la verdad que me escondió Marcelo en toda la velada.

76. Él Comienza a Trabajar

No podría catalogar a Jessica como la maldad absoluta, pero un buen puesto en el pedio de lo malévolo se lo ha ganado. Sus lacayos, Guillermina y Pablo, sin su protección, diambulaban como estrellas fuera de órbita.

Sentí asco.

- Marcelo encontró un nuevo juego del que podemos jugar - nos contó Pablo, esa misma noche, un rato más tarde. - Es como Calabozos y Dragones, pero se llama Vampiros. Es diferente, pero podemos probar.

Tanto a Guillermina como a mí nos gustaba la idea. Hacía tiempo ya que no jugábamos con Sebastián, dado que el mismo Master había perdido interés en continuar con su propia campaña, y la idea de poder continuar el juego liderados por Marcelo de una manera más contínua, llamaba poderosamente la atención.

- De todos modos Marcelo tiene que conseguir los libros, ponerse a leer y avisarnos a todos - dijo Pablo. - Si lo vemos ahora, podemos decirle que nos explique mejor.

- Si lo ven ahora, pueden decirle que me devuelva mi celular - pidió Martha, algo enfurecida.

Lo cierto es que desde hacía ya dos semanas que Martha le había dado a Marcelo su celular para que pruebe arreglarlo, pero el muchacho no se había tomado la molestia ni siquiera de verlo, por lo que el movil andaba paseando en su mochila junto a miles de cosas más, a donde quiera que Marcelo fuera.

Mientras tanto, las cosas en la casa de Martha no estaban del todo bien. Sus padres se encontraban cada vez más cerca del divorcio, por lo cual no era un sitio con buena aura para el que podamos estar.

Sin Martha, quien acotó cansancio, Pablo, Guillermina y yo nos fuimos a un kiosco, avisando a todos los que podían que nos encontraríamos allí.

Jessica y Emilio no tardaron en aparecer, mientras que Marcelo respondió que se encontraba en una fiesta por un cumpleaños y que éramos invitados a ir si queríamos.

Emilio tenía su Viernes de Póker, por lo que Jessica quedó a la libre dispocisión de Pablo. Guillermina fue conmigo hacia el lugar.

- No conozco absolutamente a nadie de aquí - dijo Marcelo, al vernos llegar. - De todos modos, por lo menos saluden a la muchacha que cumple años y luego vamos a la parte de atrás.

Así que mientras los cuatro saludábamos en general y nos marchábamos al patio de atrás, como buenos antisociales que somos, me llegó un mensaje de Felipe.

FELIPE: "Me acaba de morder un perro. Tengo la pierna hinchada y mi pantalón totalmente inutilizado. Es lo que me faltaba para terminar mal mi día."

Fingí una preocupación que ocultaba la risa que me daba la noticia.

YO: "¡Que horror! ¿Qué más te pasó?"

FELIPE: "Mi novio tiene que comenzar a trabajar a la tarde también. No me malinterpretes, estoy muy feliz por él y está re linda la noticia, pero si yo no salgo a la siesta y no puedo salir a la noche, ¿me quieres decir cuando nos vamos a ver?".

Debería ser bueno y estar disgustado por aquello que seguro estaba preocupando a Felipe de una forma muy dramática. Sin embargo, mi bondad era algo que cada día estaba ocultándose más.

Puedo Jurarlo

75. Los Abandonados

Apenas había conseguido dormir un par de horas cuando sentí los brutales golpes en la puerta de mi habitación. Alguien intentaba derrumbarla.

Así que mientras me cambiaba rápidamente y comprobaba que faltaba una hora para la medianoche, pensé que todos habrán sospechado que me hayaba muerto.

Sin embargo, al abrir la puerta de mi habitación, me encontré a Marcelo del otro lado.

- ¿Por qué hay tanta gente en tu casa? - me preguntó, asombrado. - ¿Y por qué tienes los ojos rojos?

- Días sin dormir - respondí, encogiéndome en hombros. - Trabajo atrasado. La historia de siempre.

Eché de mi casa a Marcelo y le dije que le avisaría apenas sabía qué es lo que haríamos esa noche. Martha me mandó un mensaje invitándome a su hogar, compadeciéndose sobre mi situación actual.

Así que después de una cena de reencuentro en donde todo el mundo estaba esperando el cumpleaños del día siguiente, huí de mi casa hacia la casa de mi amiga.

- Guillermina me dijo que le avisaste que vendrías para aquí - me dijo Martha, en un tono poco amigable. - ¿Por qué hiciste eso?

- Porque me lo preguntó - respondí.

Estaba más que claro que el grupo femenino se encontraba dividido y esa línea cada día iba aumentando en lugar de extinguirse. Susana y Martha estaban cada vez más alejadas de Guillermina y de Jessica, y como esta última había conseguido empleo, ahora la cara visible del grupo malévolo se quedaba sola.

Esto tuvo como consecuencia que Guillermina, de repente, sienta un desmedido apego hacia dos de las mujeres que más había criticado. Las otras dos lo sabían.

Mi teléfono suena.

- ¿Pablo? - saludé. - ¿Qué haces?

- Quería saber qué hacías y dónde estabas y si puedo ir - sugirió.

Sin comentarios.

74. La Novia de Leo


No tuve tiempo de pensar en lo frustrado que me sentía, dado que mi familia llegaba al día siguiente desde otra ciudad, y yo me tenía que comunicar con Leo para ver si me permitía quedarme en su casa.

Por supuesto, ocurrió lo más obvio.

- Hola - saludó, hablándome casi en susurro.

- ¿Estás trabajando o en la facultad? - pregunté, de forma apresurada.

- En lo de mi novia - dijo.

¡Nunca viene esa muchacha a la ciudad! ¡Justo el fin de semana que menos necesitaba que apareciera, ella se le ocurre visitar a su chico!

- De acuerdo, llámame más tarde - dije, sin comentarle que lo necesitaba.

- Pero espera, ¿pasa algo?

- No importa, te lo comentaré cuando estés más libre - dije, despojándolo de la responsabilidad de hacerse cargo de mí.

Genial.

Sencillamente genial.

No sólo tenía que lidiar con Felipe y su repentino desapego a mi persona (tan repentino como su apego en sí), sino que también debía lidiar con mis familiares durante cinco días invadiendo las habitaciones de mi hogar, cosa que me resultaba muy repulsiva de llevar a cabo.

Intenté mantenerme ocupado con horas extras para no pensar en el rechazo que acababa de recibir. Ese día estuve despierto casi 22 horas, para dos horas más tarde de finalmente haberme acostado a dormir, volver a despertarme.

Para cuando llegó el viernes por la tarde, era practicamente un zombie.

Las visitas estaban cerca y el fin de semana se avecinaba, no pronosticando nada bueno en él.

Cuando se fue el efecto del energizante, me eché a dormir deseando que las cosas fueran un poco mejor.

73. Exageración

Tal vez exageré demasiado.

Al día siguiente de recibir ese mensaje, decido responderle a Felipe por no haber podido hacerlo la noche anterior.

Para colmo de males, mi familia venía desde otra ciudad y se instalarían en mi casa, por lo que mi madre me aconsejó buscar otro sitio para vivir mientras dure el fin de semana. Pensé en Leo, ya que es el único de mis amigos que vive solo y seguramente no tendría problemas, pero esperaría a llamarlo después de que saliera del trabajo.

Entre tanto, la conversación por mensajes de texto con Felipe fue la siguiente:

YO: "Perdón por no responder anoche. ¿Cómo hiciste para escaparte de tu casa a esas horas?"

FELIPE: "Inventé que tenía un cumpleaños. Recién me despierto y llegué tarde a mi trabajo. ¿Tú cómo estás?"

YO: "Bien, aunque me echaron de mi casa."

FELIPE: "Y eso, ¿a qué se debe?"

YO: "Les dije a mis padres que quería tener sexo con un jovencito que me encantaba y me echaron. No, mentira. Viene mi familia e invadirán mi habitación."

Aquello reconozco que fue arriesgado. Pero, ¿qué más daba?

FELIPE: "Después el sexópata soy yo, ¿eh? Por cierto, tengo una marca en el cuello."

YO: "No me digas así que me pongo celoso. Pero es cierto, bastante sexópata, si quieres vuelvo a como era antes para no incomodarte."

FELIPE: "No me incomoda. Tengo una amiga con quien bromeamos así y no por eso me acostaré con ella."

Touché.

YO: "De acuerdo, entendí la indirecta."

FELIPE: "No fue ninguna indirecta. Sólo te cuento mi trato con la chica."

YO: "Pero eso significa que indirectamente debo asumir que tendremos el mismo vínculo. ¿No?"

Ahí estaba. La pregunta que tendría que haber hecho al día siguiente de conocerlo y que tanto he demorado en preguntar por miedo a saber la respuesta.

FELIPE: "Somos amigos, ¿esperabas otra cosa?"

Y ahí estaba, nuevamente esquivaba la bala y me hacía tener a mí el control de una situación que no deseaba controlar.

Decidí ser sincero, no sé por qué.

YO: "Es una pregunta complicada. Es lógico que siento una superficial atracción hacia tu persona, pero también sé que no estoy buscando sexo porque no me hace falta. También es cierto que no soy ningún premio, y desde que te conozco atravieso crisis de autoestima, cosa que nunca antes me había pasado, lo cual me hace detestarte un poco. Así que no tengo una respuesta a tu pregunta."

No sé cómo consigo, en un mismo mensaje, evadir, humillarme y mostrar mi dignidad, pero lo logro.

FELIPE: "¿Por qué tan complicado? Tuve que leer tu mensaje un mínimo de 3 veces. Yo no quiero causarte problemas."

YO: "Ya sé eso, amigo. No es tu culpa. Y no es un tema que tendríamos que hablar, pero no soy de quedarme callado con las cosas que siento, así que te lo dije, por más que no exista una solución. Aparte, no es que te he dicho algo que no sospecharas."

FELIPE: "No sé si lo sospechaba. Todo el tiempo hablábamos así y pensé que era parte de un juego. Yo soy así también, y en ningún momento intenté seducirte."

Un puñal se me instaló en el corazón y lo revolvió.

Era tan obvio que eso me iba a pasar.

72. Como Antes

Convencido completamente que Dios me odia y que Marcelo dejó mi computadora peor de lo que se encontraba antes, volví a conectarme para que Felipe me dijera simplemente las palabras: "Me voy, hablamos después, besos".

- Es un experto a la hora de histeriquear - le dije a Lucas, una hora más tarde. - En ningún momento me rechazó, pero tampoco me dijo que sí. Simplemente me deja la opción abierta.

Nos encontrábamos en su oficina, donde me invitó a ir dado que estaba solo y no tenía mucho trabajo para hacer. Era la primera tarde con calor después de una oleada de frío polar.

- Tú sabes lo que pienso - me dijo. - Si tienen sexo, arruinan todo. Mira lo que me pasó a mí. Anoche salimos con Marcelo y unas amigas de él. Estábamos todos borrachos. Yo iba en la parte de atrás con una de las chicas, se me insinuó y hasta me dio una mamada delante de los otros.

No entendía qué tenía que ver una cosa con la otra, pero de todos modos lo escuché.

- Lo peor de todo es que cuando llegamos a la casa de la muchacha en cuestión, en pleno acto se queda dormida - comentó, sonriendo, como si aquello era una anécdota divertida. - Así que nuevamente ni siquiera pude acabar y con esto ya van tres chicas a las que le doy su merecido pero no me satisfacen a mí.

Seguía sin comprender el vínculo de su historia con la mía, pero de todos modos me pareció graciosa la situación.

La chica en cuestión es una amiga de Marcelo que vive a unas cuadras de mi casa y que le prestó al joven su locación para que pueda celebrar su cumpleaños. Era la época en donde Lucas y yo nos odiábamos e Iván estaba dividiéndose para saber con cuál de los dos podía hablar.

- Volviendo a mi tema - dije, sin saber bien cómo continuar la charla. - Sigo en la misma. Sin saber qué hacer. De repente ahora se empieza a interesar en mí porque le hablé del sexo que él quisiera practicar. No sé, vuelvo a ser considerado un pene por quien no quiero que me considere así.

- Sólo te digo que no lo hagas - me aconsejó justo la persona menos adecuada. - Las cosas se complicarán todavía más.

Cuando regresé a mi casa esa noche, pensé que tal vez estaba exagerando el tema. Cabía la posibilidad de que en realidad Felipe no estuviera interesado en mí y no me haya rechazado por el simple hecho de ser cortez.

Me estaba durmiendo cuando recibí un mensaje de él preguntándome qué es lo que hacía y que se tenía que ver con su novio.

Un mensaje como en los viejos tiempos.

Tal vez no exageré.

71. Pregunta Indiscreta

¿A quién no le agrada la idea de sentirse un héroe?

Tener el poder de salvar a otra persona de su alma en desgracia y llevarla a vivir un cuento de hadas.

Bueno, yo lo tengo. Por si no tuviera ya de por sí pocos complejos.

Quizá es lo que me atrapó de Felipe cuando nos conocimos y comenzó a contarme sus problemas.

Un día de estos aprenderé a no dejarme llevar por las señales que parecen ser reales y no volveré a creer que alguien tiene intenciones subliminares conmigo a menos que esté escrito por medio de una Carta Documento.

Felipe había conocido a Ana y a Lucas, en una tarde sin pena ni gloria cuando el muchacho se dio un tiempo de la casa de su novio para poder ir allí. Tiempo en el que, por supuesto, tendría que usarse para ir a la facultad.

Pero como su madre no los deja salir a ningún lado ni a él ni a su hermano mellizo, entonces aprovechan sus hóras cátedras para ir a enredarse con sus novios respectivos.

Guillermina se enteró que una nueva persona estaba entrando en la vida de todos y, como siempre, para no ser menos, quiso agregarlo a sus contactos.

Me pareció una idea espantosa, que intenté impedir, pero ahora resulta que el MSN descubre cuando uno agrega una dirección falsa. Le tuve que dar la verdadera.

No me parecía una sabia dirección la que había tomado el destino, pero de todos modos, lo dejé pasar.

Una tarde más del montón, con Felipe nos encontramos hablando y surgió el tema del sexo.

Confesó tener una leve inclinación al sadomasoquismo, que sin llegar al extremo, por lo menos le encanta el hecho de ser dominado.

Le conté una historia sexual en donde empleaba ese papel de dominante y quedó interesado.

YO: Bueno, cuando quieras, me avisas y lo hacemos.

Estaba jugando con la suerte, pero de todos modos tenía que hacerle la propuesta.

Segundos sin respuesta.

FELIPE: No es que te quiera cambiar de tema, pero hoy vi un pantalón que me gustó mucho.

YO: ¿Te puse incómodo?

FELIPE: No. Cambio del tema sexual. No el de tu "supuesta propuesta".

YO: ¿Entonces aceptas mi propuesta?

Ahí estaba.

Lancé el anzuelo.

Y entonces, de la nada, mi computadora se reinicia sola.

Héroes


70. El Cartel Verde (20º Parte)

jueves, 18 de septiembre de 2008

Ahí estaba. Lo que siempre sospeché que pasó o que iba a pasar, finalmente me llegaba la confirmación de que había sucedido.

Lucas y Eleonora estuvieron juntos.

Contrario a lo que cualquiera se hubiera imaginado, mi primera reacción fue reírme.

- Esta Eleonora sí que no pierde el tiempo - comenté. - Y eso que la fácil del grupo parecía ser Susana.

- Es que no pude haber sido tan estúpido - se lamentó, casi llorando. - Estábamos en una fiesta y comenzó a desafiarme. Lo hacía sabiendo que yo no iba a tener miedo ante ella. Y fuimos a la casa donde vive ahora que se independizó y lo hicimos. Cuando me desperté sentí tal asco que me tuve que ir de ahí sin decirle nada. Y ahora ni me la quiero volver a cruzar.

- Vaya.

- Sí, tenía que contártelo a ti - dije. - Porque si Javier se entera, me asesinaría porque es su hermana. Y si Iván se entera, también estaría en problemas porque fueron novios por un tiempo. Debería aprender a tener la ética de Tobías para manejar estas cosas.

- ¿Y qué piensas hacer si se vuelven a encontrar?

- Nada - dijo. - Espero que todo siga normal como siempre.

De algún extraño modo, y pese a que mi corazón estaba un poco hecho pedazos, esa noche dormí bien, las pocas horas que me dejó el tiempo.

Es que finalmente había pegado el cartel verde con la firma de todos mis amigos y pese a que la historia con Felipe iba de mal en peor y ahora Lucas se había acostado con la única persona del grupo que sabía lo que sentía por él, por lo cual significaría que fui traicionado por una amiga, a la que para colmo le di mi alma y le presté mi ayuda en su situación con Tobías, más allá de todo esto malo, esas firmas demostraban que no estaba solo.

Que ahí estaban mis amigos.

Arriba de mi cama, como ángeles guardianes, cuidándome.

69. El Cartel Verde (19º Parte)

"Bueno amigo, no soy bueno escribiendo estas cosas.
Sólo quiero decirte que te quiero mucho.
Firma: LUCAS."


Pero volver desgastado después de absorver tanta mala suerte no fue sino un anticipo a lo que me tocaría esperar a mí cuando volviera a casa.

Felipe, tan dulcemente, me comentó que ahora se encontraba en las mejores condiciones con su novio, por lo cual no sabría cuando tendría tiempo de volver a verme. Empezando por rechazar mi invitación a jugar al TEG con Ana y Lucas.

Me sentí bastante frustrado con este tema. No sólo porque el muchacho me rechazó por completo y ni siquiera le interesaba incluirme en su vida, sino porque era un nuevo fracaso en mi existencia.

Quizá un capricho, no lo niego, de justamente querer la única cosa que no puedo tener.

Ese día nos encontramos a jugar Marcelo, Ana, Lucas, la madre de Ana y yo. Faltaba un lugar reservado para Pablo, pero nunca se dignó en aparecer.

En medio del juego, Ana hace un truco que a Marcelo no le gustó y no dejó de torturarla en todo lo que duró el partido.

Fuera de estos detalles en donde Ana casi se ciega y mata a nuestro amigo, Lucas y yo salimos a fumar un cigarrillo.

Había salido de fiesta la noche anterior y se encontraba con algo de resaca todavía.

Se notaba que quería contarme algo.

- Bueno, yo no soy como tú - me dijo Lucas, algo histérico. - Así que no daré más vuelta para contártelo. Anoche... tuve sexo con Eleonora.

La chica, después de todo, estuvo bien que no esté invitada a mi fiesta.